reconoce sus orígenes

"Scott Pilgrim vs. The World", de Edgar Wright

Publicado: 2010-12-29

Me sorprendió escuchar algunos comentarios negativos de Scott Pilgrim vs The World, la esperada nueva película de Edgar Wright (Shaun of the Dead, Hot Fuzz) basada en un popular cómic. Digo que me sorprendió porque venía siendo muy comentada desde hace meses, frustró a muchos la cancelación de su estreno en Lima y, además, porque cuenta con todos los elementos necesarios para ser una película que guste a propios y extraños.

Algunos comentarios bastante adjetivados la acusan de pretenciosa, predecible, impostada. Y bueno, creo que ahí está su gracia. Recoger los efectos exagerados del cómic, apelar a la composición musical de 8 bits o recurrir a la parafernalia cromática de los juegos de video son la base para ir construyendo personajes tan definidos como, aparentemente, arquetípicos.

Pero eso es lo que, a mí parecer, claro, Wright intenta. Son los personajes los que arman la película, no la trama sencilla, plana, lineal. Es la riqueza de sus rasgos psicológicos (profundos o superficiales) la que ayuda a esbozar las situaciones más cotidianas que pueda uno imaginar (la clásica aparición de los ex novios, la irreverencia de un amigo gay, el amor no correspondido).

El director pone nuevamente en práctica su talento innegable para equilibrar -sin temblores ni resbalones- la pirotecnia visual y los altibajos interpersonales de la gran cantidad de figuras que componen la historia. Por eso, repito, la historia se sostiene en ellos, en las peculiares caracterizaciones de cada uno de los secundarios que componen el elenco.

Aquí me detengo un momento en las actuaciones: Cera está muy bien en lo que hace siempre (para verle algo distinto, vean La chica de mis sueños), Schwartzman es un villano de estilo insoportablemente genial, y el ex novio vegetariano (no recuerdo por ahora su nombre) es quizá el más divertido de los personajes.

Volviendo a la historia, vale aclarar que las comparaciones con la fuente original (el cómic de Bryan Lee O’Malley) están de más. Cada obra es independiente y la película termina siendo notable por sí misma. Incluso el guión del filme se burla de estas confrontaciones (“el primer disco es mejor que el segundo”, “el cómic es mejor que la película”).

Y, ciertamente, esta mirada adolescente tiene, como dijo el crítico argentino Diego Battle, algún punto en común con la obra de John Hughes y un perfecto dominio de los elementos de la sociedad contemporánea, además de los atributos increíblemente vitales y creativos que destaca Andrea Gronvall del Chicago Reader (nada menos).

Scott Pilgrim es frenetismo, risa, diversión, color. Una explosión que sirve de contraparte perfecta a algo como, por mencionar un ejemplo, La cinta blanca (otra de 9 o 10 puntos). Y un ejemplo de que esto también es cine. Un cine que entretiene y que lleva su calidad a otro nivel.


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EL ESPIGADOR

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